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El
ritual se refiere a la participación comunitaria en la construcción de
lo que será el primer hogar de una pareja de recién casados.
Una
vez entregada la vivienda a los esposos, éstos organizan una gran fiesta.
Previamente a los festejos se realiza una ofrenda a la Pachamama o Madre
Tierra, colocando en un hueco sencillos bienes cotidianos.
A
continuación los hombres, armados con simbólicas flechas, apuntan a un
huevo de gallina suspendido de la viga principal de la habitación. Al
hacer blanco el huevo caerá en el hoyo ya preparado con la ofrenda y será
cubierto con la misma tierra removida. Luego vendrán las coplas y la
fiesta, donde el augurio de una nueva vida se pone de manifiesto. Cuando
el piso queda perfectamente nivelado bajo los pies de las parejas
bailando, “La Flechada” se habrá consumado.

Este
ritual es llevado a cabo para desalojar de la flamante vivienda, a todos
los demonios que pudieran haberse refugiado en ella durante su construcción,
solitaria y sin amparo.
Para
algunos, el huevo representa el habitáculo del mal; para otros es una
forma original de agasajar a la Pachamama al tiempo que, hostigando con
las flechas a los espíritus malignos, se los obligue a abandonar la
vivienda.
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