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Es
posible vincular históricamente a Río Blanco desde antes de la 3ra
Fundación de Jujuy. A pocas leguas de la Capital, se vivió y se
desarrolló una población con características únicas para el momento
fundacional.
Los
primero blancos en arribar a estos territorios fueron los integrantes de
la expedición a Chile, encabezada por Diego de Almagro, quienes llegaron
desde el Perú a Charcas, Tupiza, siguieron por el camino del Inca y
cruzaron las “Llanadas de Palpalá”, aproximadamente en el año 1.535.
El
Diccionario toponímico expresa que:
PAYPAYA:
PARAJE en el departamento La Capital. Topónimo de dudosa etimología y
semántica contradictoria. Era el nombre de una tribu indígena que moraba
sobre ambas márgenes del Río Bermejo. No es aventurado pensar en alguna
parcialidad desprendida de la raza querandí y afincado sobre el Río
Grande, en las proximidades de Palpalá. Puede provenir también de la voz
quechua PAYA que significa anciana, mujer de mucha edad, abuela que unida
al pronombre personal de tercera persona en singular PAY, daría una
exactitud fonética de PAYPAYA cuyo significado seria “lugar de la
abuela” o “la anciana”.
Fidalgo por su parte, sostiene que podría derivar de PAIPALLA, en cuyo
caso significaría “junta de dos ríos”.
Es
así que en La Historia de la Conquista del Tucumán, Roberto Levillier,
expresa que el valle de Palpalá, es un lugar adecuado para fundar una
ciudad. Otra visión habla que deriva Palpalá
y que viene de Paypaya, la blanca, nombre de los habitantes
genuinos de estas regiones, también es posible que la palabra, provenga
de la lengua diaguita, o sea la Kakana y deformada su fonética por el
habla hispana.
Si
tomamos que los paypayas, cultivaban en los llanos de Tuculera y Lormenta,
(normenta), es donde
sembraban maíz. Los Paypayas estaban unidos a los Ocloyas y sujetos ambos
a los Omaguacas.
El
reparto de encomienda en Jujuy, se hace desde Salta, antes de la Fundación
de Jujuy en 1593. Hacia 1586 Antonio Fernández pide una estancia para
ganados que dicen “el Río
Blanco” , Así también en
1588 le tocó a Gonzalo de Tapia la tribu Paypaya.
Estos
habían llegado desde el Bermejo a Guarip Yastán y se establecieron en
las serranías del Cerro Zapla.
Allí
construyó Tapia casas, capilla y el pueblo de indios. Al parecer fue algo
muy próspero porque tenía hasta nombre: Francisco de Paypaya.
Este
pueblito y las zonas aledañas eran atacados, continuamente por tribus que
venían de la zona del Chaco.
Cuando
Gonzalo, deja las tierra, la comunidad sufre un incendio
en la cercanía de la Iglesia y casa del cacique, quedando
destruidas. Allí se queman los títulos de propiedad y otros documentos.
Al tener Gonzalo de Tapia derecho sobre los Paypaya, estos debían acudir
al trabajo de la nueva hacienda en Río Blanco. Al ser las distancias tan
largas, determinó el traslado al nuevo sitio. Los pocos que quedaron
sufrieron pestes, reduciéndose la población considerablemente.
Hacía
1.666 Don Alonso de Mercado, Gobernador del Tucumán, visitó a los
paypayas y osas los empadronó y les dio ánimo para estar en estas nuevas
tierras. Él indicó que debían
levantar un templo y la familia Tapia y Loayza, tomaron el mandato de la
edificación. Es importante destacar que en esta nueva hacienda se instalo
un trapiche, hacia antes de 1.650 aproximadamente.
OTRA
ENTREGA DE TIERRA Y CHACRAS
Otro
vecino Juan Vásquez de Tapia al 20 de Octubre de 1586, “solicita
tierras valle arriba, pasando el Río Perico, el 1er
arroyo, que viene de las vertientes de esta cordillera, como digo, hacia
el Pucará de Jujuy, el camino viejo del Perú, media legua”.
También
Juan Álvarez (1586) pide una extensión para ganado vacuno en el valle de
Jujuy, pasando la estancias de Vásquez, en la 1º agua, en un río que
viene Blanco, y otras tierras para ganado. Al contestar el gobernador,
expresa “al adjudicar las tierras donde andan sueltas vacas
cimarronas”. Luego hace otro pedido de tierras desde el Pucara de Jujuy
(Punta de Diamante) hasta el otro Pucará, que es en Palpalá.
También
con la Fundación de Jujuy, Alonso de Tovar vecino de Salta solicitó”
al gobernador Lorenzo Rodríguez, una propiedad, de una
legua de tierra por debajo del Pucará y pueblo de Jujuy, en la
misma barranca junto al río Grande, que corre la dicha estancia, antes
del Pucará de Palpalá.
Este
vecino ya tenia tierras en Yala, los jesuitas habían levantado incluso
hasta un molino. Tobar era una persona con una idea clara, emprendedora,
dispuesto a lograr el progreso del sector que tenia en propiedad.
Cuando
se concreta la Fundación de Jujuy, Argañaraz y Murguía, le solicitó
a Marco Antonio, otro vecino, que concretara un plan de Irrigación.
Fruto de este trabajo se construye al mismo momento 2 acequias; la 1º en la ciudad, hacia la Tablada y la 2da
acequia arranca desde San Pedro o San Pedrito hacia Palpalá, al 26 de
Abril ya estaban cavando para llevar
el agua a las estancias que
hay hacia el Río Blanco. También en este momento, es cuando Argañaraz y
Murguía , distribuye propiedades en la alta planicie de Palpalá. Estas
mercedes que acuerda se llamaron chacras que sirvieron para el cultivo de
trigo, maíz, chirimoyas y otros frutales.
Entre
los vecinos que recibieron tierras en esa
gran extensión fueron
entre otros:
Los
Falcón, a López de Quevedo, Miguel Jerónimo, Pedro de Rivera, Diego
Torres hasta una mulata como lo fue Juana de Godoy. Es de destacar que las
primeras tierras fueron adjudicadas al capitán Ramírez de Velazco.
La
colonización de tierras de San Pedrito , Perico, Río Blanco, Palpalá y
El Remate son las más antiguas de Jujuy y exigió el tributo de sangre de
sus pobladores
¿Que
pasaba con los aborígenes que vivían cerca de Palpalá?
Como
existía gran hostilidad hacia las poblaciones españolas, los chiriguanos
y, tobas, atacaban constantemente. Se sabe por las crónicas históricas
que antes de 1593 existían ya dos Pucarás, el Pucará Grande
de Jujuy (En San
Francisco de Alaba o Punta Diamante) y El
Pucará Grande de Palpalá, sobre la orilla del Río Grande, a
una legua de distancia, en el final de una amplia pampa que se extendía
desde la unión de los dos ríos hacia abajo. Es decir que hacia 1582, ya
estaba esta fortificación. Los españoles además construyeron varios
Fuertes para defenderse de
los ataques.
FINES
DEL SIGLO XVIII
Según
el archivo capitular de Jujuy, del Doctor Ricardo Rojas, el Censo de 1.778
y 1.779 determina que en
Palpalá y toda sus zonas aledañas había 465 habitantes.
La
“Hacienda de Río Blanco”, llamada así por ese entonces, contaba con
una población, entre blancos, indios y mestizos, de 41 habitantes.
FINES
DEL SIGLO XIX Y XX
Al
finalizar el siglo XIX, hacia 1890 más o menos, Palpalá estaba
comprendido por diferentes fincas, como: Río Blanco, La Noria, Alto
Palpalá, Bajo Palpalá, Alto la Torre, Remate Chico, Remate Grande, La
Hoyada, El Brete, Zapla, Puerta de Sala, Carahunco, las Lajitas. Todas
estas fueron divididas y expropiadas debido al avance tecnológico y
comercial promovido por la industria siderúrgica
de Altos Hornos Zapla, después del descubrimiento de los grandes
yacimientos de mineral de hierro.
En
la década de 1890 llega a Jujuy el tendido del Ferrocarril Central Norte
hasta las puertas de la ciudad Capital. Por consiguiente existía una
estación en Palpalá y el apeadero en Río Blanco.
Debemos
resaltar que ya entrados en el siglo XX, durante las primeras décadas la
población de “Río Blanco” supera a la población del “Centro”
mismo de Palpalá.
Río
Blanco es asiento de la Capilla donde se Venera a la Virgen del Rosario y
Paypaya. Algunos de los propietarios de esas tierras al pasar
los años eran de: el Doctor don Daniel González Pérez, Don Aníbal
Pasquín, el Doctor Víctor Gamez, Don Francisco Rivero y otros. Desde el
Bajo Río Blanco hasta la barranca de Alto Comedero y Buen Retiro, se
extendía la finca LA NORIA, propiedad de la Señora. Carmen Posse de
Regalado.
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